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jueves, 31 de diciembre de 2020

El Palmar

 

Concordia venía como anillo al dedo. Era la ocasión de conocer el Palmar y el Palacio San José, y de paso evitaba volver de un tirón tantos kilómetros, porque el esfuerzo me borra en parte ese gustito dulce de las buenas vacaciones.


De Misiones me traje como suvenir unas orquídeas que vendían en la ruta por un precio irrisorio, las que florecieron en la primavera siguiente engalanando la reja que da al jardín.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Paramos en un hotel sobre la misma RN 14 en la entrada a la ciudad de Concordia. El viaje fue tranquilo, llegamos para acomodarnos en la habitación y cenar. Como en tantas otras ocasiones, habíamos armado un bolsito con lo necesario para los tres –léase pijamas, ojotas, cepillos dentales, etc.- así nos ahorramos descargar todo el auto y se nos hace más ágil la estadía por una sola noche. En estos casos es indispensable que el establecimiento cuente con un estacionamiento seguro con cochera, para dejar el vehículo cerrado y no tener que dejar la llave.

Estiramos el abundante desayuno con la pachorra propia del último día de vacaciones y nos encaminamos al Palmar, con el equipo de mate y una vianda.

 

 


 

 

 


Fauna

El mediodía se pasó volando, el lugar invitaba a quedarse y así fue, el Palacio Urquiza quedó para otra oportunidad. De vuelta a la ruta, nos aprovisionamos en un local de artículos regionales con algunos sabores locales (muy recomendable el escabeche de yacaré) y la infaltable bolsa de 10 Kg de naranjas por el precio de un kilo en las verdulerías del barrio. Cosas de la intermediación, qué se le va a hacer.

Tripulación

Esto fue todo, desandamos el camino a casa con las últimas luces de un hermoso día de invierno.

Cartografía

Cataratas lado brasilero

Cataratas lado brasilero

 

Dentro de nuestra estadía en Puerto Iguazú, dedicamos un día entero a visitar el lado brasilero.

Siempre se dijo que nosotros tenemos los mejores saltos y lo mejor del entorno (se pueden citar por caso la Garganta del Diablo y la Isla San Martín) y que del lado brasilero estaban las mejores vistas. Esto sería verdad si por mejor vista entendemos la mirada desde fuera de la escena, sin interactuar con el entorno o haciéndolo solo superficialmente. El lado brasilero es eso: un espectacular paisaje con el que se interactúa poco, se lo aprecia en toda su magnitud pero desde una cierta distancia. Igualmente me parece el complemento perfecto para nuestro Parque Nacional, que se disfruta mucho más intensamente y permite otras sensaciones. Al respecto, puedo decir por ejemplo que el extremo final de la pasarela de la Garganta del Diablo no tiene parangón en el mundo por su dinámica y el vértigo que produce.

Como detalle adicional, aparece otra ventaja de ir en invierno: la inclinación del sol crea arcoíris mucho más nítidos que en verano, parecen pintados pero no hay truco ni Photoshop, son así como se ven en las fotos.

La bandera argentina entre la bruma

 

El Palmar

Cataratas del Iguazú

 

martes, 29 de diciembre de 2020

Cataratas del Iguazú

 

Las Cataratas me emocionan.

Abordar el trencito que nos deposita en la entrada atravesando la selva cerrada es el mejor prólogo porque esta es una experiencia inmersiva. Ya frente a la entrada del sendero, la vegetación no permite ver más allá de unos pocos metros y el camino se interna en la espesura. Conviene hacer silencio, transitar despacio y prestando atención, porque empieza a sentirse primero un murmullo y a medida que avanzamos el agua nos grita su presencia todavía oculta, hasta que en algún recodo se abre el bosque y se empiezan a divisar los saltos.

Uno se imagina la sorpresa de Alvar Núñez Cabeza de Vaca guiado por los nativos que conocían el “agua grande”, allá por el siglo XVI…


Sobraban las palabras, ¿no?

Cataratas lado brasilero

Wanda – Puerto Iguazú