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miércoles, 5 de agosto de 2020

21 - Chilecito

Chilecito

Llegamos un jueves 22 de enero a Chilecito, nos habíamos reservado 4 noches en una linda cabaña a la entrada de la ciudad.


Cabaña La Martina, al fondo se aprecia el cordón nevado del Famatina

Lo primero que hice al llegar fue preguntar por la excursión a la legendaria mina de oro La Mejicana, eje de la vida turística de la comarca. Me comentaron que justo esa mañana había ocurrido un alud y el camino estaba intransitable, que había que esperar a que venga la maquinaria de Vialidad para poder subir, ya que en esos casos ni las 4x4 pueden pasar. Me pasaron el teléfono de un guía local y me puse en contacto para reservar turno para cuando se resolviese el problema. Grande fue mi sorpresa cuando escucho de boca del mismo guía que la máquina pasa sólo los miércoles y que había que esperar ¡una semana! No hubo manera de lograr que Vialidad pase antes, parece que había una sola máquina para toda La Rioja…

Conclusión: visitamos las dos primeras estaciones del cablecarril (son diez en total hasta llegar a la mina), que por su ubicación no dependen del clima y por ello son siempre accesibles. Lo hicimos por nuestra cuenta, son de fácil acceso. Una pena, otra clara muestra de lo que nos falta todavía a nivel turismo.



Estación base y cablecarril a la mina La Mejicana

Camino a El Durazno (estación 2)



Chilecito visto desde El Durazno

Estación 2 del cablecarril

El resto del tiempo lo usamos para recorrer la ciudad, con su sorprendente Virgen del Campanario, una imagen de luz considerada un Signo Mariano y que aparece con intermitencias desde el año 2006 en el campanario de la Capilla de Santo Domingo.

Virgen del Campanario

Las fotos no son buenas pero desde la calle las imágenes se ven nítidas. Otro huésped de las cabañas que tenía una cámara réflex me comentó que pidió permiso al cura y se asomó dentro del campanario, no había nada, me mostró fotos en el visor de la cámara del hueco y la imagen allá arriba… A pesar de mi escepticismo tengo que admitir que no le encuentro una explicación racional.





Imagen de la Virgen


Las inmediaciones de la ciudad también tienen sus encantos, si bien el famoso “Camino de la Costa” nos quedaba a trasmano -del otro lado de la sierra de Velazco-, visitamos Sañogasta, Nonogasta, cruzamos el Valle de la Puerta hasta Vichigasta (el sufijo “gasta” significa “pueblo” en idioma diaguita), para terminar con un paseo por la Ruta Sanmartiniana, que incluyó la célebre Cuesta de Miranda, todavía de ripio.

Sañogasta – Ruta Sanmartiniana

Sañogasta – Iglesia

Nonogasta – casa de Joaquín V. Gonzalez

Cuesta de Miranda

Cuesta de Miranda

Cuesta de Miranda - Fin camino de cornisa


Mina La Carolina

Dunas de Saujil

20 - 22/1/2009

Dunas de Saujil

En Catamarca hay dunas.

No hay mar, no hay playa ni rumor de olas, ni tamariscos ni vendedores de barquillos. Solo dunas.

El viento del Pacífico (cuando no) deja toda su humedad en la Cordillera y llega seco, erosionando las montañas y arrastrando esa arena sin conchillas hacia este lado del continente.

Es sorprendente, casi inverosímil ver como al habitual paisaje de serranías salpicadas de valles se suma la presencia de la arena.

Para llegar a las dunas de Saujil contratamos una excursión en 4x4, a la Renola le tocó descanso.

Salimos temprano a la mañana e hicimos un alto en la zona en donde se había establecido el vivac del Rally Dakar. Sobre el techo de la camioneta ya pueden verse a lo lejos algunas dunas y en los postes de luz de la derecha se aprecian los carteles que indicaban los puestos sanitarios del vivac. Los cerros nevados tienen ese no sé qué.

¡Los tres en la foto!

Saliendo hacia el norte de Fiambalá, la RP 34 nos llevó primero hasta Saujil para luego alcanzar Medanitos, un poblado atrás de la sierra de Fiambalá que lucha contra la invasión de la arena. Hicimos unos pocos kilómetros más para meternos en el corazón de las dunas, hasta que hubo que dejar la camioneta para seguir a pie.

Allá quedó la 4x4

Qué les puedo contar de la experiencia del sandboard: la juventud se impuso, los adultos hicimos lo que pudimos…






Impresiona lo empinadas que son las dunas cuando uno las trepa, parece fácil tirase pero no es así.


Parece el borde de un precipicio

Final a toda orquesta, ¡qué chiquito se ve el flaco allá abajo!

Llegaron!!


La última vuelta

Quedaron nuestras huellas en la duna

Vuelo

Seguimos un poco más al norte, hasta otro poblado.

Taton

Alguien nos precedió, llegamos hasta aquí siguiendo sus huellas.



Escuela de Taton

Seguimos en la 4x4 camino a Puerta de Taton

Puerta de Taton, Capilla el Señor de la Agonía

Y ahí abajo, justificando todo lo demás, dos cruces

Estos lugares tan agrestes tiene sus sorpresas, porque lo que puede ser cotidiano para los lugareños resulta singular para el turista.






Cachorrito de zorro en mis manos



La arena tiene sus caprichos, formando imágenes en las laderas de los cerros.

El puma y el elefante

Ya de regreso, vemos las montañas cercanas que todavía asoman enter las dunas

Pero en el entorno todo es arena

Allá lejos los cordones cordilleranos nevados

Aquí también se vivió el rally

Volviendo por Medanitos, el cartel en la montaña dejaba leer: “Medanitos Dakar 2009”.

Chilecito

Ruta del Adobe

 

jueves, 30 de julio de 2020

19 - 21/1/2009

Ruta del Adobe

La idea original era pasar cuatro días en Fiambalá, por sus famosas termas. Pero resulta que las termas están enclavadas en la sierra, lejos de todo lo demás, incluso de Fiambalá. Además en las instalaciones no hay otra cosa más que hacer que tomar baños termales…

Por ello decidimos cambiar y pasar tres noches en Tinogasta y una sola directamente en las Termas, para disfrutar de sus famosos baños a la luz de la luna. Eso nos dejaba todo el día libre después del check-out en Tinogasta para transitar la Ruta del Adobe, un recorrido que permite conocer diversas construcciones -mayormente religiosas- hechas con el noble material.

La primera de estas construcciones es justamente Casagrande Hostal de Adobe, en donde terminamos alojándonos en Tinogasta, una casona que data de 1897 y pertenecía a la familia Orellia, puesta en valor y convertida en hotel.


Tomando la RN 60 ya en dirección a Fiambalá, la siguiente parada es en El Pozo, para conocer el Oratorio de los Orquera, una capillita que perteneció a dicha familia y que tiene la particularidad de estar hecha de una sola pieza de adobe, a la usanza de los pueblos originarios de la región. Junto al Oratorio hay un museo que reúne diversos elementos de la vida cotidiana del pueblo.





Volvemos a la ruta e inmediatamente a nuestra izquierda encontramos el paraje La Falda, con la solitaria presencia de la Iglesia Nuestra Señora de Andacollo, construida en la primera mitad del siglo XIX y restaurada a principios de este siglo después de un temblor.



Columnas de adobe


Casi sin respiro, al reincorporarnos a la ruta cruzamos el puente sobre el río Abaucán y tomamos a nuestra derecha el desvío a Anillaco Vieja (no confundir con la célebre patria chica de un ex presidente, esa está en La Rioja). El camino nos lleva hasta la Capilla Nuestra Señora del Rosario, construida en 1712 y por ello la más antigua de la provincia. Es de destacar su retablo de adobe macizo, al igual que toda la construcción.



Nuestra Señora del Rosario




Unos pocos kilómetros más adelante y ya a mitad de camino se divisan las Ruinas de Watungasta, un pueblo diaguita que se emplazó en la desembocadura del río La Troya y que, en base a su dominio de la alfarería y su estratégica ubicación, da testimonio de la presencia humana en la zona desde el año 500 DC al 1600 DC.




Ya llegando a Fiambalá empiezan a verse las típicas dunas que parecen trepar por las laderas de la serranía y que son una amenaza porque avanzan inexorablemente sobre los poblados.


Dunas en la RN 60

Quedaba por ver la Comandancia de Armas, construida en 1745 y revocada con adobe resistente a la lluvia: a la mezcla de agua y tierra se le agregaban hojas de pencas cortadas cuya savia viscosa otorgaba adhesión e impermeabilidad a los muros.



Comandancia de Armas

Por último la Iglesia de San Pedro, ya entrando al pueblo, muestra la imagen del santo patrono que guarda una curiosa historia. Dejo un link para los interesados en conocerla:

Parroquia San Pedro



Atravesamos el pueblo para encaminarnos a las termas, subiendo por la ladera del macizo.




Termas de Fiambalá


Las termas consisten en una sucesión de piletas que desaguan unas en otras: las más bajas se usan de día y son las que acumulan los fangos curativos, las más altas son las más calientes, tanto que de día no se pueden usar, pero de noche resultan tibias y agradables.




Suerte que pasamos una sola noche en las Termas de Fiambalá: el alojamiento disponible era sumamente precario, apenas lo mínimo o menos que eso.

Dunas de Saujil

Ruta de Los Seismiles