Día 23 (24/1/19)
Ushuaia –
Río Gallegos
En el día de nuestra despedida,
Ushuaia nos regaló una mañana soleada y ventosa, con pronóstico de buen tiempo
para toda la jornada.
La agenda del día era ambiciosa
ya que teníamos como desino final Río Gallegos, lo que totalizaba unos 600 Km
con aduana en San Sebastián (para ingresar a la mitad chilena de la isla), cruce
del Estrecho y reingreso al país ya en el continente. Como objetivo intermedio
una vez de vuelta en territorio argentino, quería alcanzar el Km 0 de la RN40
en Cabo Vírgenes, extremo sur de la Argentina continental, donde está emplazado
un Faro y hay un cartel alusivo. La frontera llega hasta Punta Dungeness, que
del lado chileno cuenta con el Faro Dungeness.
Al Km 0 se llega solo por caminos
de tierra, la RP1 de nuestro lado y la Y-545 del lado chileno, pero descarté
esta última porque llegar del lado chileno implicaba cruzar la frontera en el
Cabo y por ende no hacer migraciones. Mi cálculo era tomar la RP1 desde la RN3,
incluso había visto en el mapa un camino privado que podía ahorrarnos unos 60
Km a la ida, era cuestión de averiguar si estaba accesible.
Previendo el trajín del día
desayunamos bien temprano y cargamos el auto, y con el sol todavía bajito nos
despedimos de esa postal recostada sobre la cordillera llamada Ushuaia.
Video: Cruce de la Cordillera de los Andes por el Paso Garibaldi - 1
Video: Cruce de la Cordillera de los Andes por el Paso Garibaldi - 2
Video: Cruce de la Cordillera de los Andes por el Paso Garibaldi - 3
El cruce por el Paso Garibaldi
(“agarrá el balde” le decían al vago, y el dicho se fue deformando hasta quedar
así) esta vez se disfrutó a pleno, mientras el sol se elevaba por entre las
montañas.
Video: Cruce de la Cordillera de los Andes - lagos Escondido y Fagnano - 1
Video: Cruce de la Cordillera de los Andes - lagos Escondido y Fagnano - 2
En el descenso se puede apreciar del lado izquierdo el lago Escondido y detrás el lago Fagnano. Desviádose de la ruta hay un mirador con una hermosa vista de ambos que visitamos en una ocasión anterior.
A eso de las diez estábamos a la
altura de Tolhuin y entramos al pueblo para llegarnos hasta la panadería La
Unión, famosa por sus facturas.
Nos aprovisionamos discretamente (¡estaba para
llevarse toda la panadería!) y continuamos viaje. Ya llegando a Río Grande noté
que el viento se había hecho más intenso y cruzado, con dirección Este, al
punto que en los tramos rectos era evidente cómo tenía que torcer el volante
para compensar. Se avanza en línea recta ‘doblando’ todo el tiempo.
Hicimos aduana y ya del lado
chileno el viento era aún más intenso y movía el coche. Recordé que el cruce
tenía una radio (FM Angostura 104.9) e intenté sintonizarla. Para cuando
pudimos encontrarla en el dial, el viento era tan fuerte que me había obligado
a bajar la velocidad, no me sentía cómodo más allá de los 90 Km/h, supongo que
el hecho de tener portaequipaje no ayudaba. Entonces la noticia: el cruce
estaba suspendido por el oleaje. Los vientos constantes del Oeste de 60-70 Km/h
con rachas de más de 100 Km/h no permitían la navegación.
Video: esperando el ferry - 1
Al llegar a Bahía Azul, una cola
de unos 800 metros confirmó la especie. El viento era tan intenso que no me
permitía abrir la puerta del lado izquierdo. Observando a los demás vehículos,
los que se aventuraban a bajar por el lado derecho tenían dificultades para
cerrar las puertas, y ni soñar con abrir un capó o un baúl. Teníamos que
permanecer dentro de los autos.
Habíamos llegado a eso de las
tres de la tarde, pero recién pasadas las seis el viento amainó un poco como
para bajar y llegarse hasta las instalaciones en la orilla. Las perspectivas
eran sombrías, no había visos de que se reanude el servicio. Prefectura chilena
prohíbe la navegación si las rachas superan los 100 Km/h y este era el caso.
Para colmo los pocos negocios que hay en el cruce se estaban quedando sin
provisiones (si hubiera comprado más facturas en Tolhuin…), con esfuerzo
conseguimos unas galletitas y gaseosas y volvimos al auto a comer, pendientes
de la radio.
Video: esperando el ferry - 2
Pasadas las diez, ya noche
cerrada, se especulaba con que el viento amainara lo suficiente para la
medianoche, pero no había ninguna certeza.
Nos dispusimos a dormir dentro del auto,
viendo como bajaba la temperatura exterior y reclinando los asientos para
acomodarnos lo mejor posible. No estábamos la mar de cómodos, pero era la mejor
alternativa: estábamos a unos 800 metros de la orilla y la cola seguía detrás
nuestro hasta perderse de vista. Abandonar ese lugar para desandar 100 o 150 Km
buscando donde pasar la noche en pueblitos probablemente saturados de gente, no
me resultaba convincente. De hecho, nadie se movía de su lugar, todos en mi
entorno apostábamos a aguantar.
Pensé que si bajaba demasiado la
temperatura podía encender la calefacción de a ratos. Por suerte tenía más de
medio tanque; al fin y al cabo, todo es petróleo.

La incomodidad y los movimientos
del auto por las rachas hicieron mi sueño entrecortado, pero a eso de las once
y media una insistente bocina y unas luces de frente me trajeron la buena
nueva: los vehículos circulando por la mano contraria indicaban que el cruce se
había restablecido. Enderezando el asiento y sin poder lavarme la cara, fuimos
avanzando de a trechos hasta que llegó nuestro turno. Era casi la una y el
oleaje todavía se veía bravo, pero el ferry se las arreglaba para mantenerse en
posición. La planchada no se quedaba quieta del todo sobre el asfalto, aun así
pudimos subir y cuando se completó la carga zarpamos. El viaje duró mucho más
que a la ida, pero el alivio de pisar nuevamente el continente compensó la
perspectiva de tener que manejar los más de 120 Km que quedaban hasta Río
Gallegos con el cansancio acumulado y siendo ya noche cerrada.
Pudimos hacer aduana, no sé si habilitaron una guardia por el cierre del cruce o si
atienden las 24 hs pero agradezco haber podido seguir viaje rápidamente. Si
hubiésemos tenido que esperar a que abra, aunque lo hicieran bien temprano,
hubiésemos perdido el día por completo,
incluyendo la noche de hotel.
Extenuados, encaramos el último tramo de la RN3 en
su acceso a Río Gallegos desde el sur y resultó estar en bastante mal estado,
con mucho asfalto roto, partes directamente de tierra, pésima señalización y
casi nula iluminación. Era la frutilla del día más largo y complicado del
viaje. Llegamos al hotel pasadas las cuatro de la mañana para zambullirnos en
la cama (el check-out era a las 10) y con la perspectiva de seguir viaje a la
mañana siguiente. Puerto Deseado nos esperaba.