sábado, 31 de mayo de 2025

Rivera

 

Bienvenida

 

La visita a la escuela agraria formó parte de una excursión de día completo, que incluía la vecina localidad de Rivera. Esta excursión estaba organizada por la Oficina de Turismo de Carhué, la cual contaba con una combi con chofer y guía. El mismo día que llegamos a Carhué, nos acercamos a la Oficina y reservamos la visita para el domingo 9. Dudo que en la actualidad siga existiendo ese servicio gratuito del municipio a la comunidad.

 

Monumento al Colonizador

 

La tranquila localidad de Rivera nos recibió a la hora de la siesta, con una recorrida por la plaza principal y una caminata hasta la sinagoga, donde nos recibió el rabino Daniel para darnos una breve charla sobre los orígenes de la colonia y sus fundadores, y mostrarnos el edificio.

 

Sinagoga

 

Vista del interior – Antiguo samovar

 

La historia de esta localidad está signada por la lucha de los primeros colonos para transformar este paraje hostil en una tierra productiva, y por el empeño en mantener vivas las tradiciones y costumbres de sus orígenes.

La sencilla urbanización está bien mantenida y cuidada, y en una de sus calles con bulevar tiene un curioso monumento que integra el espíritu de las religiones judía y cristiana, ofreciendo la lectura de las Tablas de la Ley en hebreo y en español, según el lugar en que uno se posicione respecto del monumento.

 

Tablas de la Ley

 

Tablas de la Ley

 

A continuación, nos dirigimos a la vivienda de un vecino para degustar un almuerzo típico de la tradición judía, el cual incluía la pertinente explicación de cada plato y bebida servidos, cálidamente atendidos por los dueños de casa. El almuerzo permitió además socializar un poco con otros integrantes del contingente.

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Terminada la visita a Rivera, retornamos en un vuelo rasante a la escuela agraria para comprar suvenires y productos manufacturados por los alumnos, que nos habían quedado pendientes por la extensión de la visita y para no demorar tanto el almuerzo, que estaba programado de antemano.

El día terminó con la infaltable visita a los baños termales, para seguir socializando con algunos compañeros de la excursión que también se alojaban en el hotel.

 

Colonia menonita “La Esperanza”

Escuela Agraria


Laguna de Epecuén

 

La laguna de Epecuén presenta en sus aguas una altísima concentración salina, superior a los 200 gramos por litro. Si tenemos en cuenta que la concentración marina típica es de unos 30 a 50 gramos de sal por litro, vemos que la laguna supera en varias veces ese valor, por lo que se la define como hiperhalina, lo cual la convierte en un flotario natural. Estas elevadas concentraciones sólo pueden equiparase a las del Mar Muerto, en Oriente Medio. La densidad es tan alta que verdaderamente se flota como un corchito, y en un principio cuesta acostumbrarse a esta sensación hasta que uno le toma la mano a permanecer erguido (puedo dar fe de ello). Pero no se trata solamente de la concentración salina, porque la composición de estas sales les confiere a las aguas de la laguna excelentes propiedades para el tratamiento de las enfermedades propias de los huesos y las articulaciones: artritis, artrosis, reuma, etc. También el barro de las orillas goza de estas características, y se envasa y comercializa en toda la zona, inclusive en Carhué.  

 

Laguna de Epecuén 

 

Alta salinidad

 

Entre la numerosas especies de aves que habitan la laguna, sobresale por belleza y número el flamenco austral, que se alimenta de un particular tipo de fitoplancton presente en estas aguas de elevada salinidad. La laguna representa un importante reservorio de esta especie en la provincia de Buenos Aires.

 

Flamencos australes

 

Flamencos australes

 

A orillas de la laguna, a principios del siglo XX se lotearon numerosos terrenos en los cuales se desarrollaron diversos emprendimientos, relacionados todos en mayor o menor medida con el turismo termal. Podemos mencionar, por caso, el Castillo de la Princesa, lujosa propiedad de una acaudalada mujer de origen francés casada con un príncipe ruso. Esta mujer, con cierta visión de futuro, mandó construir en la década del ‘20 un lujoso castillo de estilo normando a orillas del lago. Poco pudo disfrutar de su suntuosa propiedad, ya que falleció en 1929 presuntamente de tuberculosis. El castillo cambió sucesivamente de dueños, y la falta de un adecuado mantenimiento lo fue deteriorando hasta que la inundación de 1985 lo terminó de destruir, siendo cubierto casi por completo por el agua. Pueden verse en internet algunas fotos de la majestuosa construcción y su parque, con lagos artificiales y una réplica de la Gruta de Lourdes. Hoy nada queda de todo aquello. Como tantas otras cosas, se lo llevó la inundación.

 

Maqueta del Castillo de la Princesa (foto tomada en el Museo)

 

Centro de Interpretación

El Centro de Interpretación y Museo de la ex-villa turística de Epecuén, funciona en la antigua Estación Lago Epecuén, perteneciente al Ferrocarril Sarmiento (ex F.C. Oeste).

 

La vieja estación (foto tomada en el Museo)

 

Puedo decir que este Centro de Interpretación cumple su cometido, al articular el catastrófico momento de la inundación con sus antecedentes y la realidad del entorno, evidenciando la falta de un control centralizado de todo el sistema de “lagunas encadenadas”, que hubiese permitido tener una visión global de la situación y prdecir sus posibles consecuencias.

Hurgando en los antecedentes, encontramos que entre los años 1956 y 1966 se realizaron diversas obras hidráulicas en la zona, entre las que destacan la construcción de los canales Alsina-Cochicó y Cochicó-Del Monte, que vincularon definitivamente estas lagunas, y la canalización del arroyo Sauce Corto, dando forma en su conjunto a las denominadas “encadenadas del Oeste”: las lagunas Alsina, Cochicó, Del Monte, Del Venado y Epecuén. En la siguiente década, el sistema se complementó con la construcción del Canal Ameghino. 

 

Obras hidráulicas (foto tomada en el Museo)

 

Obras hidráulicas (foto tomada en el Museo)

 

La falta de una visión integral y cierta desidia de las autoridades locales, propiciaron el desastre ocurrido en 1985 cuando, aguas arriba, las copiosas lluvias llevaron a abrir por completo las sucesivas esclusas para evitar la inundación de los campos adyacentes a las primeras mencionadas, que se encuentran en tierras más altas. Como consecuencia de ello, el desplazamiento de las aguas hizo que la última laguna, Epecuén, viese subir su nivel abruptamente, inundando la villa turística en cuestión de horas.

 

La villa balnearia en su esplendor (foto tomada en el Museo)


Volviendo del centro de interpretación, decidimos hacer una escapada a la colonia San Miguel Arcángel -fundada por inmigrantes alemanes del Volga a pricipios del S XX-, con la esperanza de engancharnos en el recorrido guiado que sabíamos que se iba a realizar ese día. Nos enteramos del mismo la tarde que llegamos a Carhué, pero no nos pudimos inscribir porque ya se había completado el cupo. Supusimos que en una urbanización tan chica nos íbamos a cruzar con el contingente, pero cuando llegamos nos topamos con otra realidad: parecía un pueblo fantasma. Recorrimos su única avenida para detenernos en su único negocio, y puedo decir que nos atendieron de pura casualidad. Muy amablemente, la persona que estaba detrás del mostrador reconoció no tener idea de la presencia de un contingente de turistas en esos precisos momentos. Proseguimos nuestra marcha en dirección a la única institución reconocible en la avenida: la imponente iglesia, desmesurada en relación al caserío que la circundaba, y que permanecía cerrada y sin señales de actividad, ni siquiera un mísero cartelito con los horarios de misa. En todo ese tiempo, no nos cruzamos con nadie más. El tiempo estaba lluvioso y las calles laterales, de tierra o consolidadas, no invitaban al turismo de exploracíón. Conclusión: nos volvimos por donde llegamos.

Escuela Agraria →

Ruinas de Epecuén


Carhué

 

Viajamos el viernes 7 de octubre con buen clima, para llegar a Carhué promediando la tarde. Rápidamente ubicamos el Hotel Avenida Termas, para descargar el breve equipaje y ocupar un cuarto en la planta baja. El hotel cumplía con nuestras expectativas, quizás la habitación haya resultado un poco pequeña, lo que dejaba en evidencia la antigüedad de la construcción, pero en líneas generales el lugar resultó cómodo y confortable.

 

Hotel Avenida Termas

Dejamos las cosas y el auto en el hotel, para estirar las piernas en un primer contacto con la localidad. Ubicamos la plaza, centro neurálgico de la vida cotidiana, y la Oficina de Turismo, en la cual recabamos información acerca de las excursiones a Rivera y la Escuela Agraria, ya que la visita a la colonia menonita la teníamos reservada con debida antelación desde Buenos Aires.


Palacio Municipal

 

El pueblo de Carhué, resabio del antiguo Fuerte “Comandancia Belgrano”, el cual formó parte de la línea de fuertes y fortines de la Conquista del Desierto, era una modesta urbanización al lado de la Villa Epecuén, hasta que la inundación y el consecuente desalojo de la villa llevó a gran parte de su población estable a migrar al pequeño poblado. Dimos la típica “vuelta a la plaza” tan propia de los pueblos del interior bonaerense, en cuyo entorno se encuentran las principales instituciones: la gobernación (imponente Palacio Municipal, obra del arquitecto Francisco Salamone), la iglesia, la comisaría, entre otras.


Plaza Tte. Gral. Nicolás Levalle

Volvimos al hotel para tener nuestro primer contacto con las aguas termales, toda una experiencia. El área de la pileta resultó ser un entretenido espacio de socialización, y pasamos el resto de la tarde aprendiendo a permanecer erguidos dentro del agua, porque verdaderamente se flota como un corcho y hay que tomarle la mano para no perder la vertical.

 


Img 11-3 A las aguas

Esa primera noche, como en el pueblo no encontramos muchas opciones gastronómicas salvo para pizza o comida rápida, al terminar el horario de pileta decidimos cenar en el hotel, y cerrar la jornada con otra caminata por la plaza.

 

Sombras proyectadas

Ruinas de Epecuén →

Los preparativos


Los preparativos

 

Este viaje data del mes de octubre de 2022. El dato es relevante para contextualizar algunas opiniones y comentarios, debido a todos los cambios que ocurrieron desde aquel momento al presente en nuestro querido país y también en el mundo.


En materia de viajes, a veces hay que improvisar. Pero esas veces son las menos.

Lo verdaderamente difícil es planificar conjugando gustos disímiles, porque ello implica asumir compromisos, ceder para obtener, y poder disfrutar plenamente del resultado conjunto.

Ocasionalmente sucede que los destinos no están cerca, sino que es uno el que los acerca. Podrían ser cientos de kilómetros, o la vuelta de la esquina, cerca o lejos es absolutamente relativo.

¿Visitar una colonia menonita, que queda a unos 700 Km de Buenos Aires? – busquemos algún otro destino cerca que justifique el viaje, para que no sea una excursión de un solo día. Y aquí se pone de manifiesto la relatividad de decir cerca, ya que Guatraché (la localidad más cercana a la colonia menonita y que sirve como punto de referencia para acceder a la misma) está en el sudeste de la provincia de La Pampa, efectivamente a unos 700 Km de casa, y en verdad cuesta encontrar algún otro atractivo turístico cerca. Para colmo, habíamos visitado hacía poco tiempo Parque Luro, en época de la brama del ciervo, con lo que se habían agotado prácticamente los destinos dentro de esta provincia (quedaba como última alternativa el Parque Nacional Lihué Calel, pero no está explotado turísticamente y su oferta es muy acotada).

Entonces apareció una alternativa fuera de La Pampa, en la propia provincia de Buenos Aires: Carhué y sus aguas termales, a unos 150 Km de Guatraché, menos de la distancia que separa la colonia menonita de Parque Luro, y con la ventaja de estar de camino. Y vecina a Carhué, la ciudad de Rivera, una antigua colonia judía con todo su acervo. Para completar, la presencia cercana de una escuela agraria modelo y otra pequeña colonia de inmigrantes alemanes permitían pensar en suficiente actividad como para un fin de semana largo, o alargado un poco, tomando algún día hábil adyacente para completar la estadía.

 

Cercanías

Echando un vistazo a la compilación del viaje, la laguna de Epecuén y su antigua villa balnearia con toda su historia de calamidades, me resultaba atractiva y misteriosa; la colonia menonita, por las pocas referencias que se pueden encontrar de la misma, proponía trasladarse en el tiempo y en el espacio, a la Europa del siglo XVI en plena Reforma protestante; y las historias de gauchos judíos, tan propias de nuestro litoral durante el siglo pasado, encontraban su réplica en Rivera.

El trayecto Buenos Aires – Carhué representa unos 550 kilómetros, tomando la RN 205 hasta Bolívar, para seguir por la RP 65 y la RP 60. Es una distancia que se puede cubrir manejando en menos de un día, saliendo temprano para llegar todavía con luz. Haciendo base en esta localidad, los restantes destinos efectivamente quedaban cerca.

 

Camino a Carhué

En Carhué, para disfrutar de sus aguas termales había dos opciones: las termas municipales (Complejo Termal & Lúdico Mar de Epecuén), o algún hotel con piletas alimentadas por el agua de la laguna. Se accede a las termas municipales abonando una entrada válida por todo el día, como una estadía, ya que el lugar está pensado para permanecer en él, lo que chocaba con nuestro interés de recorrer el entorno cercano. Esto nos hizo decantar por la segunda opción, pero para mi sorpresa, encontré tan solo tres hoteles que recurren a la laguna para llenar sus piletas de aguas termales. No obstante, ésta resultaba ser la mejor opción porque permitía aprovechar el día haciendo excursiones, y eventualmente destinar las últimas horas de la tarde en los baños. Con esta premisa, elegimos el Hotel Avenida Termas, sobre la avenida Alsina, a tres cuadras de la plaza central, lo que equivale a una zona algo apartada del centro, pero dentro de la urbanización y relativamente cerca de todo lo relevante que podía ofrecer el pueblo.

Reservamos cuatro noches para el fin de semana largo del 7 al 10 de octubre, volviendo el martes 11 para evitar los típicos embotellamientos de retorno de un fin de semana largo. El clima presentaba algunas dudas, pero era el riesgo típico de la primavera, algún día lluvioso nos podíamos ligar.

Carhué