miércoles, 27 de julio de 2022

Mirador de Cordón Andino

 

Barreal es una ciudad pequeña y sencilla, que se extiende de norte a sur, encajonada entre el río Los Patos y la precordillera (la Sierra del Tontal). Fue remontando este río que partió la columna principal del ejército libertador, al mando del mismísimo General San Martín, rumbo a Chile y Perú en su gesta heroica. La referencia histórica le da un toque épico al lugar y está bien aprovechada turísticamente, hay mucho alquiler de caballos y oferta de cabalgatas siguiendo la ruta sanmartiniana.

En cuanto a nuestro alojamiento, el hotel Acrux Barreal está bien ubicado y el servicio es razonable en función de su precio. Nuestra habitación tenía un ventanal que regalaba una espectacular vista del Cordón de Ansilta, tal el nombre de la porción de cordillera que se divisa desde esta locación y que, muy alusivamente, llevaba por nombre el restaurante en donde habíamos cenado la noche anterior.

Cordón de Ansilta visto desde la habitación

Nos comentaron que a la vera del río había un mirador, y después de desayunar y aprovisionarnos, partimos hacia allá. Del desayuno rescato un toque regional: las semitas, unos pequeños bollos de pan con chicharrones que conviene comer calentitos para su máximo disfrute. Y si se tiene a mano manteca y alguna mermelada casera, tanto mejor.

La privilegiada ubicación de Barreal (a orillas del río Los Patos, a unos 1.600 msnm) se pone de manifiesto en el mirador, que permite apreciar las nieves eternas del Cordón de Ansilta a nuestro frente, y el macizo del cerro Mercedario (6.720 msnm) hacia el sur, digamos que desde nuestra ubicación mirando a la izquierda. Pero la infografía local daba cuenta de un detalle sorprendente: siguiendo con la vista más hacia la izquierda, ya donde el cordón montañoso casi se pierde tras el horizonte, el último pico visible resulta ser el mismísimo Aconcagua (6.962 msnm), amo y señor de Los Andes.

 Desde el Mirador de Cordón Andino

 

El río Los Patos al pie de la Cordillera

 

Es sabido que la altitud permite mucho mayor alcance en la visibilidad, porque el aire tiene menor densidad a medida que ascendemos, al punto que montañas muy lejanas se pueden apreciar con total nitidez, dando la sensación de estar “al alcance de la mano”. Además, al ganar altura se llegan a ver objetos que la curvatura terrestre “esconde” cuando estamos a ras del suelo.

¿Será el Aconcagua el último de la izquierda?

 

Por supuesto, una vez de regreso a casa quise constatar la veracidad de la infografía y tracé líneas con Google Earth, desde la ubicación del mirador hasta ambos cerros. Compuse la primera imagen ubicando a la izquierda el mapa esquemático para mayor claridad y a la derecha el mismo con fotografía satelital y relieve en 3D:

Barreal, Mercedario, Aconcagua

Girando el mapa 3D e inclinándolo logré la siguiente vista, donde se empiezan a poner en perspectiva las montañas. La imagen en 3D reproduce las elevaciones y los accidentes naturales del terreno: al fondo se divisa el Océano Pacífico; la línea amarilla que termina en un puntito azul marca la cima del Aconcagua y la del puntito rojo la cima del Mercedario. También llega a leerse a la derecha, sobre el cuadro de Regla, “Cordillera de Ansilta”, así como se distingue el Barreal Blanco casi en el centro, y el cauce del río Los Patos. Por detrás discurre el límite fronterizo con Chile.

La representación virtual es bastante fidedigna, y la herramienta Regla permite a su vez tomar las distancias reales, trazando geodésicas sobre el terreno; se puede apreciar como las líneas que parten del mirador contornean el relieve.

 

En perspectiva

Por último, haciendo descender el punto de observación hasta casi el nivel del terreno (como si se estuviéramos sobre un dron), con la consecuente pérdida de resolución en las imágenes próximas (no olvidar que se trata de fotografía satelital), se llega a reproducir la situación del mundo real.

A ras del suelo

La imagen verifica los datos y sorprende con las distancias reales: unos 70 Km al Mercedario y unos 123 Km al Aconcagua, cuando sabemos que la visibilidad a nivel del suelo suele ser de 10 Km en condiciones óptimas.

En esta ocasión cabe decir: tecnología bien utilizada.

 

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lunes, 25 de julio de 2022

Visita nocturna al CASLEO

 

La visita al Observatorio estaba pactada para las 19.30, pero considerando la época del año (faltaban pocos días para comenzar el invierno) esto suponía salir a la ruta de día para llegar al observatorio en noche cerrada, lo cual tenía sentido porque el objeto de la visita era observar el cielo nocturno. El camino hasta el observatorio era completamente desconocido, el mapa indicaba que desde Barreal teníamos por delante unos 40 Km, de los cuales los primeros 30 eran de asfalto por la RN149 hacia el sur, hasta la entrada al Parque Nacional El Leoncito, y el resto un ripio en buen estado que completaba el ascenso hasta los casi 2.500 msnm, donde se encuentra el Complejo Astronómico El Leoncito (CAsLeo).

Con las precauciones del caso, cubrimos el trayecto sin dificultad. Ya dentro del parque y luego de la parada de rigor en el destacamento del Guardaparques para avisar de nuestra presencia, continuamos la subida buscando el acceso al Complejo. Curiosamente, llegados a un punto del camino, en lugar de la típica tranquera nos topamos con una reja tipo portón corredizo; según el mapa faltaba bastante y todavía no se divisaban las instalaciones, en la reja había un portero eléctrico y luego de anunciarnos nos abrieron para permitirnos el acceso. Completado el ascenso, nos recibió Ariel, quien iba a ser nuestro guía durante toda la visita, y nos reunimos con el resto del grupo, éramos en total seis personas. El máximo admitido es de diez personas, teníamos entendido que el cupo estaba completo pero el guía comentó que un grupo de cuatro no pudo llegar a tiempo, quizás la niebla haya influido en algún otro vuelo.

Con mucha hospitalidad, Ariel nos hizo pasar a una sala donde había infusiones y algo para comer, lo que fue bien recibido porque afuera el frío apretaba y en gran medida el disfrute de la experiencia dependía de la tolerancia que uno pudiese tener frente al clima.

Hasta la bendita pandemia, se podía pernoctar en el complejo, pero nos enteramos que en julio de 2020 hubo un incendio en el comedor, justo para la época en que el Parque reabría a las visitas. Pudimos ver las instalaciones del comedor reconstruidas, con la promesa de volver a albergar visitantes para este verano, nos quedó picando… también nos mostraron la cocina y las habitaciones para huéspedes; todas estas instalaciones están apartadas respecto de la cúpula del telescopio y las áreas de instrumental astronómico, las que están dispersas por las distintas puntas de la cima del cerro y no son accesibles durante la visita nocturna.

Saliendo por una puerta posterior dimos a una terraza algo más elevada, que permitía la visión en un horizonte de 360 grados. La noche estaba despejada y sin viento, y debo admitir que la mera contemplación del cielo a ojo desnudo fue fascinante. La cantidad de estrellas que se pueden observar a simple vista desde este sitio, explican por qué se trata de un lugar privilegiado y valorado por los científicos de todo el mundo.

En la terraza había un pequeño telescopio montado, el guía se valía de un puntero láser para señalar en el cielo (increíble pero funciona y resulta de mucha utilidad) y después enfocaba el telescopio para que todos pudiésemos apreciar los mismos cuerpos celestes con mayor detalle, pasando uno por uno para mirar a través del visor del instrumento. Planetas, estrellas, galaxias, constelaciones, todo impecablemente explicado y matizado con anécdotas y un poco de historia de las ciencias astronómicas, desde la antigua Grecia hasta nuestros días. Fueron más de dos horas muy entretenidas, el frío no apretaba tanto y la buena onda de todo el grupo hizo muy llevadero el encuentro.

Fue todo tan interesante que desistí de montar mi cámara Nikon con el pequeño trípode que había llevado exprofeso para esta ocasión, porque la fotografía nocturna requiere largos tiempos de exposición y varias tentativas para calibrar cada toma; por esta vez consideré que podía prescindir de la vanidad de mostrar mi fotito. Nadie quería perderse nada, Silvia siguió el mismo criterio y tampoco tomó fotos con el celular, así que todo lo que vimos nos lo trajimos impreso en nuestras retinas.

No obstante quiero dejar una imagen de la luna: esta toma fue lograda apoyando directamente el objetivo de la cámara en el visor del telescopio, como si repentinamente mi equipo tuviera montado un teleobjetivo de unos 20x.

La Luna

Nótese que no cabe la circunferencia completa de nuestro satélite en la imagen, el contorno lunar solo puede apreciarse del lado izquierdo, en donde se pueden distinguir las irregularidades de la superficie, del lado derecho el arco perfecto y liso es el borde interior del visor del telescopio. En aquel momento la luna estaba en cuarto creciente, y en término de una semana la íbamos a encontrar en fase de luna llena en Ischigualasto.

Hacia el final de la visita y a modo de suvenir, el guía montó su cámara con trípode para sacarnos una foto a cada grupo con el cielo estrellado de fondo. En la imagen puede apreciarse la cantidad y el brillo de los astros que coronan el firmamento en El Leoncito.

El mejor recuerdo que nos podíamos llevar

Luego volvimos a las instalaciones para abonar la visita y despedirnos. Fuimos abandonando el complejo cada uno en su vehículo, era noche cerrada y había que bajar del cerro por unos 10 kilómetros de ripio, solo alumbrados por nuestros propios focos. Partimos últimos y dejé bastante espacio con los otros autos para no viajar en la nube de polvo, pero enseguida me los encontré por el camino; igualmente pudimos completar el retorno sin dificultad. Ya desde la ruta, notamos que abajo, en el valle, el cielo no luce igual que desde el cerro, cosas de El Leoncito.

Eran casi las once de la noche y no habíamos cenado, en el pueblo solo quedaba un lugar abierto: El Cordón de Ansilta. Nos ofrecieron el plato del día, que lo llaman “punta de espalda”, y pedimos dos porciones. El manjar no se hizo esperar y por su aspecto supongo que se trata de la tapa del asado, en este caso preparada como un sabroso guiso y bien acompañada.

Ahora sí, con la pancita llena y todo el olor a comida imaginable en la ropa, regresamos al hotel para dar fin a nuestra primera jornada.

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domingo, 24 de julio de 2022

Camino a Barreal

 

Salimos de San Juan por la RN40 hacia el norte y sabíamos que al llegar a Talacasto teníamos que girar hacia el oeste para tomar la RP436. En el desvío no había más que un mísero parador, pero igualmente hicimos una parada rápida porque lo que venía luego era adentrarse en la sierra, donde seguramente habría menos chances de encontrar algún servicio.

¿Quién no recuerda el vino Talacasto? Era un clásico en las mesas porteñas hace unos cuantos años. Bueno, de la bodega ni noticias… por otra parte, en la zona funcionaba un complejo termal del que solo quedan ruinas al pie de las sierras, y también había una estación de tren perteneciente al Ferrocarril General Belgrano, hoy abandonada. Funcionó hasta los ’90, otro ramal que paró y cerró.

Estación Talacasto

Este lugar era conocido y habitado desde tiempos precolombinos, y al parecer también fue motivo de conflictos territoriales. Dejo un enlace que da nota de una antigua leyenda Diaguita sobre el origen de las aguas surgentes del lugar: (enlace)

Era temprano para almorzar en el parador, así que compramos unas onerosas golosinas y algo para beber, con la idea de volver rápidamente a la ruta para cruzar la sierra. El almuerzo quedaría para cuando estuviéramos ya en destino, en Barreal.

De vuelta al camino,  la RP436 se adentra en la Sierra del Tontal para bordear el río Talacasto y conectar con la RN149, que completa el cruce y desemboca en Calingasta.

Los paisajes serranos llenan los ojos.

Ruta Nacional 149

Adentrándonos en la serranía, cruzamos la vistosa Quebrada de los Ratones.

Cruce de la Quebrada de los Ratones.

 Ya se divisan nieves eternas

El último tramo, ya del otro lado de la sierra y con una hermosa vista de la Cordillera, conecta Calingasta con Barreal bordeando el río Los Patos.

Cordón del Ansilta

Resultó ser un camino entretenido y en buen estado, bastante enroscado en la parte que cruza la sierra, pero el trayecto completo insumió casi cuatro horas, lo que supuso llegar muy pasado el mediodía: cuando arribamos al hotel Acrux Barreal eran más de las tres de la tarde. En el hotel no había nada para comer y, después de dejar las valijas, salimos a buscar algún lugar en donde almorzar. Fue inútil, estaba todo cerrado. Terminamos picando unas empanadas (muy sabrosas, por cierto) en el parador de la YPF del pueblo.

Regresamos al hotel y el trajín de las horas de ruta se sumó a la digestión del tardío almuerzo. El día había empezado muy temprano con el sobresalto de la precipitada partida desde Ezeiza, y esa misma noche teníamos reserva en el CASLEO para la observación del cielo sanjuanino. Entonces todo el cansancio acumulado se resolvió con una siestita, para poder encarar la noche más frescos y renovados. Finalmente estábamos en nuestro primer destino.

 

Visitanocturna al CASLEO →

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viernes, 22 de julio de 2022

Aeropuerto de San Juan

 

Después de una mañana agitada, el vuelo transcurrió sin mayores inconvenientes y tal como había sido anunciado oportunamente, llegamos con una hora de atraso (algo de tiempo se recuperó en el vuelo). Esta demora a su vez retrasó un poco la salida hacia Barreal porque Isabel, la persona que nos esperaba con el auto de alquiler, tuvo que atender otra entrega que tenía programada originalmente a continuación de la nuestra. Por suerte, al cabo de un rato pudimos hacernos con el vehículo, un Chevrolet Prisma que nos iba a acompañar durante toda la estadía. Se los presento:

 

Chivito

Con las valijas en el baúl y después de acercar a Isabel hasta la circunvalación de San Juan capital (nos quedaba de paso y la gauchada nos permitió ahorrarnos los $2.500 que cobran por llevar el auto al aeropuerto), partimos rumbo a Barreal con unas dos horas de retraso en total respecto de lo planificado. El trayecto presentaba dos alternativas y una disyuntiva, la que queda plasmada en el mapa debajo de estas líneas: google maps indicaba como mejor opción –trazo azul- ir hacia el sur por la RN40, tomar la RN153 (que ingresa en un tramo a la provincia de Mendoza) y empalmar con la RN149 hacia el norte, dibujando una “U”. La segunda opción –trazo gris- era hacia el norte por RN40, girar al oeste por la RP436 para empalmar con la RN149 pasando por Calingasta camino a Barreal.

 

Disyuntiva

Ya estábamos arriba del auto, en la avenida de circunvalación y frente a la Ruta 40: ¿para dónde tomar? ¿derecha o izquierda? Digamos mejor ¿norte o sur? Siempre quedaba la opción de ingresar a la ciudad y buscar la oficina de Turismo, pero veníamos con dos horas de atraso y no quería demorarme más. Por suerte desconfié de Google, supuse que una ruta que ingresa y vuelve a salir de otra provincia es muy probable que esté desatendida en ese tramo, por obvias cuestiones de jurisdicción. Entonces, desobedeciendo el mandato del Oráculo, enfilé hacia el norte para tomar la segunda alternativa. Menos mal. Esa misma noche en el Observatorio confirmé que la ruta por el sur estaba cortada en el tramo mendocino, ¡¡y maps ni se había enterado!! El guía del Observatorio comentó al respecto que se trata de un error recurrente de maps, y que incluso llegaron a reclamar sin éxito hasta ese momento.

Considerando que, de haber tomado la ruta por el sur hubiéramos tenido que desandar todo ese camino con la consecuente pérdida de tiempo, se podría extraer una moraleja de esta situación: no hay que confiar ciegamente en la tecnología, nunca está de más un poco de “sentido común”.

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