sábado, 31 de mayo de 2025

Laguna de Epecuén

 

La laguna de Epecuén presenta en sus aguas una altísima concentración salina, superior a los 200 gramos por litro. Si tenemos en cuenta que la concentración marina típica es de unos 30 a 50 gramos de sal por litro, vemos que la laguna supera en varias veces ese valor, por lo que se la define como hiperhalina, lo cual la convierte en un flotario natural. Estas elevadas concentraciones sólo pueden equiparase a las del Mar Muerto, en Oriente Medio. La densidad es tan alta que verdaderamente se flota como un corchito, y en un principio cuesta acostumbrarse a esta sensación hasta que uno le toma la mano a permanecer erguido (puedo dar fe de ello). Pero no se trata solamente de la concentración salina, porque la composición de estas sales les confiere a las aguas de la laguna excelentes propiedades para el tratamiento de las enfermedades propias de los huesos y las articulaciones: artritis, artrosis, reuma, etc. También el barro de las orillas goza de estas características, y se envasa y comercializa en toda la zona, inclusive en Carhué.  

 

Laguna de Epecuén 

 

Alta salinidad

 

Entre la numerosas especies de aves que habitan la laguna, sobresale por belleza y número el flamenco austral, que se alimenta de un particular tipo de fitoplancton presente en estas aguas de elevada salinidad. La laguna representa un importante reservorio de esta especie en la provincia de Buenos Aires.

 

Flamencos australes

 

Flamencos australes

 

A orillas de la laguna, a principios del siglo XX se lotearon numerosos terrenos en los cuales se desarrollaron diversos emprendimientos, relacionados todos en mayor o menor medida con el turismo termal. Podemos mencionar, por caso, el Castillo de la Princesa, lujosa propiedad de una acaudalada mujer de origen francés casada con un príncipe ruso. Esta mujer, con cierta visión de futuro, mandó construir en la década del ‘20 un lujoso castillo de estilo normando a orillas del lago. Poco pudo disfrutar de su suntuosa propiedad, ya que falleció en 1929 presuntamente de tuberculosis. El castillo cambió sucesivamente de dueños, y la falta de un adecuado mantenimiento lo fue deteriorando hasta que la inundación de 1985 lo terminó de destruir, siendo cubierto casi por completo por el agua. Pueden verse en internet algunas fotos de la majestuosa construcción y su parque, con lagos artificiales y una réplica de la Gruta de Lourdes. Hoy nada queda de todo aquello. Como tantas otras cosas, se lo llevó la inundación.

 

Maqueta del Castillo de la Princesa (foto tomada en el Museo)

 

Centro de Interpretación

El Centro de Interpretación y Museo de la ex-villa turística de Epecuén, funciona en la antigua Estación Lago Epecuén, perteneciente al Ferrocarril Sarmiento (ex F.C. Oeste).

 

La vieja estación (foto tomada en el Museo)

 

Puedo decir que este Centro de Interpretación cumple su cometido, al articular el catastrófico momento de la inundación con sus antecedentes y la realidad del entorno, evidenciando la falta de un control centralizado de todo el sistema de “lagunas encadenadas”, que hubiese permitido tener una visión global de la situación y prdecir sus posibles consecuencias.

Hurgando en los antecedentes, encontramos que entre los años 1956 y 1966 se realizaron diversas obras hidráulicas en la zona, entre las que destacan la construcción de los canales Alsina-Cochicó y Cochicó-Del Monte, que vincularon definitivamente estas lagunas, y la canalización del arroyo Sauce Corto, dando forma en su conjunto a las denominadas “encadenadas del Oeste”: las lagunas Alsina, Cochicó, Del Monte, Del Venado y Epecuén. En la siguiente década, el sistema se complementó con la construcción del Canal Ameghino. 

 

Obras hidráulicas (foto tomada en el Museo)

 

Obras hidráulicas (foto tomada en el Museo)

 

La falta de una visión integral y cierta desidia de las autoridades locales, propiciaron el desastre ocurrido en 1985 cuando, aguas arriba, las copiosas lluvias llevaron a abrir por completo las sucesivas esclusas para evitar la inundación de los campos adyacentes a las primeras mencionadas, que se encuentran en tierras más altas. Como consecuencia de ello, el desplazamiento de las aguas hizo que la última laguna, Epecuén, viese subir su nivel abruptamente, inundando la villa turística en cuestión de horas.

 

La villa balnearia en su esplendor (foto tomada en el Museo)


Volviendo del centro de interpretación, decidimos hacer una escapada a la colonia San Miguel Arcángel -fundada por inmigrantes alemanes del Volga a pricipios del S XX-, con la esperanza de engancharnos en el recorrido guiado que sabíamos que se iba a realizar ese día. Nos enteramos del mismo la tarde que llegamos a Carhué, pero no nos pudimos inscribir porque ya se había completado el cupo. Supusimos que en una urbanización tan chica nos íbamos a cruzar con el contingente, pero cuando llegamos nos topamos con otra realidad: parecía un pueblo fantasma. Recorrimos su única avenida para detenernos en su único negocio, y puedo decir que nos atendieron de pura casualidad. Muy amablemente, la persona que estaba detrás del mostrador reconoció no tener idea de la presencia de un contingente de turistas en esos precisos momentos. Proseguimos nuestra marcha en dirección a la única institución reconocible en la avenida: la imponente iglesia, desmesurada en relación al caserío que la circundaba, y que permanecía cerrada y sin señales de actividad, ni siquiera un mísero cartelito con los horarios de misa. En todo ese tiempo, no nos cruzamos con nadie más. El tiempo estaba lluvioso y las calles laterales, de tierra o consolidadas, no invitaban al turismo de exploracíón. Conclusión: nos volvimos por donde llegamos.

Escuela Agraria →

Ruinas de Epecuén


Carhué

 

Viajamos el viernes 7 de octubre con buen clima, para llegar a Carhué promediando la tarde. Rápidamente ubicamos el Hotel Avenida Termas, para descargar el breve equipaje y ocupar un cuarto en la planta baja. El hotel cumplía con nuestras expectativas, quizás la habitación haya resultado un poco pequeña, lo que dejaba en evidencia la antigüedad de la construcción, pero en líneas generales el lugar resultó cómodo y confortable.

 

Hotel Avenida Termas

Dejamos las cosas y el auto en el hotel, para estirar las piernas en un primer contacto con la localidad. Ubicamos la plaza, centro neurálgico de la vida cotidiana, y la Oficina de Turismo, en la cual recabamos información acerca de las excursiones a Rivera y la Escuela Agraria, ya que la visita a la colonia menonita la teníamos reservada con debida antelación desde Buenos Aires.


Palacio Municipal

 

El pueblo de Carhué, resabio del antiguo Fuerte “Comandancia Belgrano”, el cual formó parte de la línea de fuertes y fortines de la Conquista del Desierto, era una modesta urbanización al lado de la Villa Epecuén, hasta que la inundación y el consecuente desalojo de la villa llevó a gran parte de su población estable a migrar al pequeño poblado. Dimos la típica “vuelta a la plaza” tan propia de los pueblos del interior bonaerense, en cuyo entorno se encuentran las principales instituciones: la gobernación (imponente Palacio Municipal, obra del arquitecto Francisco Salamone), la iglesia, la comisaría, entre otras.


Plaza Tte. Gral. Nicolás Levalle

Volvimos al hotel para tener nuestro primer contacto con las aguas termales, toda una experiencia. El área de la pileta resultó ser un entretenido espacio de socialización, y pasamos el resto de la tarde aprendiendo a permanecer erguidos dentro del agua, porque verdaderamente se flota como un corcho y hay que tomarle la mano para no perder la vertical.

 


Img 11-3 A las aguas

Esa primera noche, como en el pueblo no encontramos muchas opciones gastronómicas salvo para pizza o comida rápida, al terminar el horario de pileta decidimos cenar en el hotel, y cerrar la jornada con otra caminata por la plaza.

 

Sombras proyectadas

Ruinas de Epecuén →

Los preparativos


Los preparativos

 

Este viaje data del mes de octubre de 2022. El dato es relevante para contextualizar algunas opiniones y comentarios, debido a todos los cambios que ocurrieron desde aquel momento al presente en nuestro querido país y también en el mundo.


En materia de viajes, a veces hay que improvisar. Pero esas veces son las menos.

Lo verdaderamente difícil es planificar conjugando gustos disímiles, porque ello implica asumir compromisos, ceder para obtener, y poder disfrutar plenamente del resultado conjunto.

Ocasionalmente sucede que los destinos no están cerca, sino que es uno el que los acerca. Podrían ser cientos de kilómetros, o la vuelta de la esquina, cerca o lejos es absolutamente relativo.

¿Visitar una colonia menonita, que queda a unos 700 Km de Buenos Aires? – busquemos algún otro destino cerca que justifique el viaje, para que no sea una excursión de un solo día. Y aquí se pone de manifiesto la relatividad de decir cerca, ya que Guatraché (la localidad más cercana a la colonia menonita y que sirve como punto de referencia para acceder a la misma) está en el sudeste de la provincia de La Pampa, efectivamente a unos 700 Km de casa, y en verdad cuesta encontrar algún otro atractivo turístico cerca. Para colmo, habíamos visitado hacía poco tiempo Parque Luro, en época de la brama del ciervo, con lo que se habían agotado prácticamente los destinos dentro de esta provincia (quedaba como última alternativa el Parque Nacional Lihué Calel, pero no está explotado turísticamente y su oferta es muy acotada).

Entonces apareció una alternativa fuera de La Pampa, en la propia provincia de Buenos Aires: Carhué y sus aguas termales, a unos 150 Km de Guatraché, menos de la distancia que separa la colonia menonita de Parque Luro, y con la ventaja de estar de camino. Y vecina a Carhué, la ciudad de Rivera, una antigua colonia judía con todo su acervo. Para completar, la presencia cercana de una escuela agraria modelo y otra pequeña colonia de inmigrantes alemanes permitían pensar en suficiente actividad como para un fin de semana largo, o alargado un poco, tomando algún día hábil adyacente para completar la estadía.

 

Cercanías

Echando un vistazo a la compilación del viaje, la laguna de Epecuén y su antigua villa balnearia con toda su historia de calamidades, me resultaba atractiva y misteriosa; la colonia menonita, por las pocas referencias que se pueden encontrar de la misma, proponía trasladarse en el tiempo y en el espacio, a la Europa del siglo XVI en plena Reforma protestante; y las historias de gauchos judíos, tan propias de nuestro litoral durante el siglo pasado, encontraban su réplica en Rivera.

El trayecto Buenos Aires – Carhué representa unos 550 kilómetros, tomando la RN 205 hasta Bolívar, para seguir por la RP 65 y la RP 60. Es una distancia que se puede cubrir manejando en menos de un día, saliendo temprano para llegar todavía con luz. Haciendo base en esta localidad, los restantes destinos efectivamente quedaban cerca.

 

Camino a Carhué

En Carhué, para disfrutar de sus aguas termales había dos opciones: las termas municipales (Complejo Termal & Lúdico Mar de Epecuén), o algún hotel con piletas alimentadas por el agua de la laguna. Se accede a las termas municipales abonando una entrada válida por todo el día, como una estadía, ya que el lugar está pensado para permanecer en él, lo que chocaba con nuestro interés de recorrer el entorno cercano. Esto nos hizo decantar por la segunda opción, pero para mi sorpresa, encontré tan solo tres hoteles que recurren a la laguna para llenar sus piletas de aguas termales. No obstante, ésta resultaba ser la mejor opción porque permitía aprovechar el día haciendo excursiones, y eventualmente destinar las últimas horas de la tarde en los baños. Con esta premisa, elegimos el Hotel Avenida Termas, sobre la avenida Alsina, a tres cuadras de la plaza central, lo que equivale a una zona algo apartada del centro, pero dentro de la urbanización y relativamente cerca de todo lo relevante que podía ofrecer el pueblo.

Reservamos cuatro noches para el fin de semana largo del 7 al 10 de octubre, volviendo el martes 11 para evitar los típicos embotellamientos de retorno de un fin de semana largo. El clima presentaba algunas dudas, pero era el riesgo típico de la primavera, algún día lluvioso nos podíamos ligar.

Carhué

sábado, 9 de septiembre de 2023

Cartografía

Cartografía

Tal como sucedió en otras ocasiones, para aprovechar el escaso tiempo disponible volamos directo a San Martín de Los Andes y –salvo el trayecto inicial del aeropuerto a la ciudad- nos movimos en un auto de alquiler. Ya referí el error de reservar el vehículo para el día siguiente a la llegada, el taxi desde el aeropuerto al departamento insumió aproximadamente el valor de la mitad de un día de alquiler.

 

Puente sobre el río Chimehuin

Decidí resumir todos los trayectos en dos mapas: uno con los destinos próximos a la ciudad, y el otro con los más distantes. Podemos llamarlos Cercanías y Lejanías. Todos los trayectos son de ida y vuelta, no enlazamos distintos destinos sin pasar invariablemente por la ciudad. La única singularidad fue el día lluvioso que intentamos el lago Huechulafquen y el mal clima nos obligó a retroceder, para retomar la RN40 y terminar en Aluminé. Pero a los efectos de mostrar los recorridos, no tiene entidad, porque a posteriori pudimos completar el recorrido hasta ese bellísimo espejo de agua.

 

 

Cercanías

 

Lejanías

 

Datos globales

Duración del periplo: 9 días

Vehículo: Chevrolet Onix 1.4 Joy (2019)

Distancia total recorrida desde el día 19/1 hasta la partida el 27/1: unos 1.500 Km

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Por último, quiero recordar que todas las entradas relacionadas con este viaje –incluida ésta- quedan para su consulta de manera permanente en el link “San Martín de Los Andes 2022” que aparece arriba a la derecha en la página de inicio del blog (o en el Menú si lo ven desde el celular o la tablet).

Quisiera decir gracias a todos los que siguen mis pasos virtuales en este blog, estas páginas son para ustedes.

Nos estamos leyendo…

 

Última vuelta

viernes, 8 de septiembre de 2023

Última vuelta

Día 9 – 27 de enero

Una última vueltita por el centro cívico y la playa, con las valijas ya hechas. El muelle tiene en su extremo un mirador con bancos, sabia decisión, porque la vista del lago es digna de contemplación sin apuro.

 

El lago desde el muelle

Cómo no entender a los antiguos pobladores, si ante semejante espectáculo dejaban volar su imaginación y la emoción los hacía sentir más cerca de sus ancestros y sus dioses.

 

La Chalupa de las ánimas del lago Lacar

Recopilado por Bertha Koessler, 1962. Narrado por Ñancupán.

Parecía que iba a ser un día nublado, pero cuando me fui a eso del mediodía al Lacar, para ver mis majadas, que pastaban cerca del peñasco llamado Bandurria, el sol se había comido la neblina, había iluminado todo. Como aceite se veía el agua, que se movía suavecito. En el cielo no se veían nubes grises, ni oscuras, ni "plumitas" de color se veían. Cuando miré otra vez el vallecito que está a la derecha de la Bandurria, vi que algunos de mis animales miraban furiosos hacia el lago. Y allí fue que vi el "palo", el árbol de los espíritus que es el lago. Pero a mí no me parecía árbol, sino una barca, que tenía dos palos y clarito se veían los hombres que remaban.

Pesada andaba, despacio, no tenía nada de raro, cualquiera podía ver que iba hacia el Sur. Cuando yo, contento, le hice señas, ni me miraron; parecía que descansaban no más, sin hacer ruido casi y miraban alrededor sin preocuparse. Yo sabía que en el lago no hay barcas, solamente una que otra canoa. Conocía las barcas, que una vez, cuando fui en un malón que hicimos en Bahía Blanca, vi muchas cosas nuevas y también estas barcas. Y lo que me parecía ya tan antiguo resultó de repente muy cerca: una barca en el Lacar. Relucía todo, parecía que la barca se agrandaba y que quería subirse en el aire, igual que una nube clarita. Grité y le hice señas. Hice ondear mi trarulonko (vincha que se coloca en la frente) entre los arbustos. Me parecía conocer las caras de la gente que movían los remos todos igual. Eran caras satisfechas, tranquilas, que saludaban al sol. Tan cerca estaban ellos, que el ruido de los remos lo escuchaba lo mas bien. Todo ahí era luz: alegre era eso. Tuve como un escalofrío y quería estar con los amigos. Quería correr hasta la playa. Una barca de los espíritus sería; serían los antiguos que se atrevían a andar en pleno día y sin viento. Pero todavía quise esperar a ver que iba a hacer la barca, ¿seguiría para el Sur? Entonces parecía que querían dar vuelta. Pero al contrario remaban para el centro del lago, donde se había ido formando una mancha oscura, azul, alrededor.

La mancha se hacía más grande y la mancha se achicaba. De repente, cambió todo: los que remaban se volvieron gaviotas. Volaban en círculo como para orientarse y al fin decidieron nadar. Mucho rato todavía se veían sus alas y se escuchaban sus risas ju, ju, ju. El espíritu de los antepasados, se volvió un gran ketru (pato). Chapoteaba fuerte; haciendo mucho ruido nadaba y dejó una mancha espumosa detrás, que se veía como un trarulonko que flotaba en el lago. La barca se había vuelto un tronco de leña, y el tronco se deshizo en pedacitos grandes y chicos. Sobre el agua flotaban y se hundieron al rato, después. Fuerte estaba la luz del sol. Nada se oscurecía con sombra. La barca se había ido para siempre y yo estaba seguro de haber visto un " cambio". Uno de esos de que hablan en la tribu desde antiguo, desde muchísimo tiempo atrás. De los cambios que cuentan los viejos, como hablan del uampú (canoa de madera hecha de un tronco ahuecado). Como no voy a creer en el " tronco" que muchos lo han visto. Nguluches (mapuches chilenos -ngulu "oeste" y che "gente"), que hay que creerles, chilenos, que saben muy bien que es un uampú. A veces aparece como cacique y hasta muestra el hacha de mando. También sabe cabalgar sobre una inmensa raíz, que hace pedazos lo que se le pone por delante en las noches de tormenta.

Todo eso significa desgracia, hay que cuidarse.

El "tronco" o " cacique", saben llamarlo, no es tan rico y poderoso como Shoompallué (ser mitológico que vive en el agua, rapta a las jóvenes y se las lleva a su reino submarino). Este sí es poderoso, este tiene en el fondo del lago casas y vasijas de oro y las mujeres más lindas. Los viejos cuentan que vivía solo en la ciudad que está hundida en el lago. La ciudad que desapareció, que por eso se llama Lacar el lago, quiere decir la ciudad muerta. Así que él está viviendo en la ciudad, mientras que el " tronco" o " cacique", anda siempre sobre el agua. Pude cambiarse en lo que más le guste, no hace nada malo, al revés que Shoompallué, que a veces no es bueno. Ahora claro que el "tronco" mata, cuando lo hacen enojar. Le gusta remar contra la corriente y contra el viento, porque es muy fuerte. Su uampú es más grande y más pesado que otros, pero muchas veces se deja ver como tronco de árbol y no como canoa.

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Quizás haya dejado este relato para el final, porque ese encuentro con los ancestros en cierta medida refleja la tristeza del adiós, el final de la aventura. Fue una semana intensa, de las que me gustan a mí, andando mucho y descubriendo mucho más aún. Durante unos días, habitamos en esa parte de la Patagonia que se recuesta sobre la Cordillera entre lagos y bosques de coihue, que sabe de los vecinos allende las montañas, y que supo perdurar en el rigor de un clima hostil. Donde no falta el agua dulce, que invitó al sedentarismo agricultor, a diferencia de la nómade estepa.

 

Amarras

Una última acotación sobre los pobladores originarios de la araucania, que pone de manifiesto otro rasgo de su cosmogonía: este pueblo tiene su particular concepto de minería, porque le otorga un alto valor a las piedras, pero se trata de un valor místico, más bien un poder. Las “machis” de la tribu (viejas sabias asimilables a una curandera) conocen y utilizan ese poder según su necesidad: una calcanura, por ejemplo, es una piedra en forma de disco que en manos de la machi puede hacer buena una cosecha; el pimutuhue es la piedra de la adivinación; o la temible katari kura, una piedra agujereada que le permite arrojar el mal sobre una persona con un simple soplido. Dentro de sus recursos destaca el kultrún, un tamborcito hemisférico con inscripciones en su parche. El kultrún puede alojar algunas llancas, pequeñas piedras de mineral de cobre de un color verde azulado, que al batir el parche le dan al instrumento una sonoridad particular, con la finalidad de favorecer el trance de la machi.

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En lo relativo al viaje, solo quedaba cargar el auto con las valijas y enfilar para el aeropuerto, ya que habíamos arreglado devolver el vehículo allí. A diferencia de la ida, el vuelo de regreso fue tranquilo, y a la tardecita ya estábamos de vuelta en casa.

 

Cartografía

Playa de Yuco

jueves, 7 de septiembre de 2023

Playa de Yuco

Día 8 – 26 de enero

Para el último día completo, elegimos Yuco, un conjunto de playitas en la margen norte del Lacar, camino al paso fronterizo de Hua-Hum. Este nombre, que no tiene una traducción al español, podría interpretarse como “afilado”, en alusión al perfil de la península entrando en el lago.

El trayecto a Yuco consta de unos 26 Km de ripio en buen estado, y lo mejor es llegar temprano porque no hay mucho lugar disponible para dejar el auto, aunque una vez adentro descubrimos otros estacionamientos que evidentemente, el que llega por primera vez desconoce de su existencia.

En resumen, se trata de cinco playitas a las que se accede por senderos que atraviesan el bosque nativo, en una pequeña península que se adentra en el espejo del Lacar. Las playas están numeradas del 1 al 5 y las fuimos recorriendo con ayuda de las indicaciones que aparecen en los cruces de caminos.

 

Plano de las playas de Yuco

La playa 1 está cerca de la ruta, y quizás por eso sea tan concurrida. Si bien todas tienen su encanto y su dificultad por lo irregular del terreno, esta primera no me resultó especialmente recomendable.

 

Playa 1

Mucho mejor resultó la playa 2, donde paramos a matear y darnos un chapuzón. Una particularidad de estas playas es que ocupan ambos lados de una península, como puede verse en la infografía. Esto, combinado con la frondosa vegetación y la altura de los cerros que bordean el lago, condiciona la incidencia del sol y provoca corrientes migratorias en los adoradores de Febo. Igualmente, para aquellos que no desean achicharrarse como lagartos, la topografía del lugar les ofrece la posibilidad de ocupar los buenos espacios que van quedando vacíos al avanzar las sombras. Todo esto provoca –al menos cuando las visité ese día- un incesante movimiento de personas que se desplazan con sus enseres de una playa a otra.

 

Playa 2

También hay senderitos que se encaraman a algún peñón y regalan hermosas vistas del lago y su entorno, y otros que permiten acceder a rinconcitos solitarios.

 

Vista del lago desde un sendero

Fuimos conociendo las restantes playas y adentrándonos por los umbrosos senderos que surcan la península en todas direcciones. Al fin y al cabo, toda la zona termina siendo un entretenido paseo con bonitas vistas del lago en cada punto en que uno se asoma. Cuando encontrábamos algún lugarcito, nos echábamos un rato, para luego seguir explorando movidos por la curiosidad. Terminamos integrándonos a la trashumancia que nos había llamado tanto la atención al llegar, no se puede criticar nada.

 

Solcito on the rocks

El área cuenta con una proveeduría emplazada en un claro en el medio de la península, cerca de la cual también hay fogones; esta es la única zona un poco parquizada, el resto es naturaleza agreste. Muy pocas instalaciones sanitarias, solamente vimos un conteiner que hacía de baño público, pero sus accesos estaban cerrados con candado. Vimos también algunos puestitos de comida rápida, y alguna parrilla. Por supuesto conviene ir provisto con todo lo que uno pretenda consumir, la oferta en el lugar es acotada.

 

Otra playita

El sol se fue corriendo, y terminó por corrernos a nosotros. Anticipamos la vuelta para comprar regalos y hacer nafta, ya que había que devolver el vehículo con el tanque lleno. La sorpresa vino al llegar al departamento: ¡habían arreglado el ascensor! Ironías del destino, habíamos transcurrido prácticamente toda la estadía subiendo y bajando por las escaleras, recuerdo también que subimos las valijas con la ayuda del propietario, pero las íbamos a bajar (un poco más cargaditas) por la cabina metálica con botonera.

 

Última vuelta

LagoPaimún

 

martes, 5 de septiembre de 2023

Lago Paimun

Día 7 – 25 de enero

Lago Paimún

La navegación por este plácido lago nos depositó en una solitaria playita, una tribuna natural orientada hacia el impávido volcán Lanín y su casi perfecta silueta triangular. Estamos a escasos 3 kilómetros de la frontera con Chile, y el guía comenta que toda la zona está atravesada por senderos de mediana o alta dificultad, que permiten cruzar a pie al país vecino. También hay algún camping o zonas de acampe para pernoctar, en un absoluto contacto con la naturaleza.

Nosotros nos contentamos con establecernos en un tronco de árbol caído que ofició de mesa para desplegar el equipo de mate, otros se dedicaron a pasear por la orilla, alguno se echó sobre la arena para tomar sol, y no faltó el intrépido que se dio un chapuzón. Como una cortesía de la tripulación, nos obsequiaron unos deliciosos scones para acompañar la mateada y las otras vituallas que transportamos. Supongo que alguien habrá aprovechado para administrarse un antitérmico…

Nos sentamos mirando a la mole, a matear tranquilos. La vista tenía esa cualidad de lo naturalmente bello, de esas cosas que uno quisiera llevarse consigo.

 

Vista desde la playita



 

Tranquilidad

 

 

 

La playita está encerrada en una pequeña bahía, reparada del viento y con suficiente vegetación como para no tener que permanecer forzosamente al sol. Todo el entorno trasunta una plácida quietud, y el murmullo de las olitas solo se siente interrumpido por el canto de algún pájaro o las lejanas voces de los otros pasajeros.

 

 

 

 

 

Para tomar la siguiente foto, esperé un momento de completa tranquilidad para salir de debajo de la sombra, avancé unos pasos por la playa y me senté en la arena, con la sola vista del volcán. Con toda la parsimonia del mundo, busqué el encuadre que más me gustó y, con la imagen capturada, me volví a la sombrita a seguir mateando con la patrona.

 

Volcán Lanín visto desde la playita

Me transporté a quien sabe qué rincón de la memoria, y regresé con otro relato rescatado de las tradiciones orales de los pobladores originarios, esta vez referido al imponente volcán.

 

Hablando de Ciudades Perdidas (extracto de antiguas narraciones de pobladores originarios recopiladas en español)

-          La Ciudad Encantada del Lanín

Dicen que hay una ciudad encantada en ese cerro, en el Lanín. Dicen que se ha visto gente. Había un forastero que porfiaba por subir al Lanín.

Conversan dos lugareños:

- Vamos a ver compañero, ¿Va a subir a ese tapado de nieve, ése que nunca seca?

- Compañero, no va aparecer más si va. Hay un pueblo adentro. Te dan calabozo si vas. La gente paisana decía así. ¿Va a ser capaz de subir ese gringo?

Y el gringo porfiaba por subir, Y dicen que los dos y otro compañero fueron a subir: Ahí dicen que se enojó el cerro y que venía un viento fuerte y nevaba. Y caían. No los dejaba subir. Se resbalaban, se revolcaban y se perdían en la nieve. Se golpeaban por todas partes. Se cansaron, no se podían sujetar. De un soplido los mandó rodando y llegaron abajo. Entonces se les antoja recorrer toda la orilla. Y había un puente. El gringo andaba como loco. Y entró, y pasó el puente. Se abrió como una boca y quedó ahí adentro. Y el muchacho decía:

- Casi me tocó a mí también. Casi quedé adentro no más. Se perdió el compañero. Y el viento siempre enojado los perseguía. Los dos que quedaban oyeron todo. Dicen que hablaba gente, toreaban los perros, bramaban como vacas y toros, relinchaban caballos. De todo se oía.

Dicen que ahí se ha perdido gente. Entran a ese pueblo y no vuelven más.

Dicen que a los años apareció el gringo. A los dos años se aparece la gente que ahí se ha quedado. Lo reconocieron, pero no habló nada. Todo blanquito, chupada la sangre. Los compañeros lo vieron al gringo. Él les volvió la espalda y no se los vio más.

Dicen que el Lanín se tragó ese pueblo y que no va a aparecer más.

 

Por supuesto que estas montañas merecen respeto, lo que aquí abajo, en tierra firme podría ser una simple ventisca o un poco de mal tiempo, en la ladera del volcán y a más de 1500 metros de altitud, puede resultar mortal. Si uno observa las fotos con detenimiento, se puede notar con nitidez el límite de la vegetación, ya que el tapiz verde de las laderas se interrumpe dibujando una imaginaria línea horizontal que marca la transición a la piedra desnuda. Dicho límite se sitúa entre los 1500 y 2000 MSNM, según la región. Por encima de esa cota, el clima se vuelve imprevisible y las temperaturas se tornan extremas, descendiendo por las noches a varios grados bajo cero. No es para cualquiera, y el relato trasunta esa misma noción de peligro latente.

Como lo bueno dura poco, y lo muy bueno apenas un pestañeo, se hizo la hora de regresar. Juntamos nuestras cosas, calzamos los barbijos, y emprendimos el regreso. El Lanín se pierde rápidamente tras los montes cercanos, para reaparecer ya cerca del embarcadero.

 

De regreso a puerto Canoa

 

Otra playita vista desde el lago Paimún

Desembarcamos en puerto Canoa y nos quedamos otro rato en playa Bonita, el sol había cambiado de posición y las montañas mostraban otros colores, los juegos de luces y sombras le daban un toque distinto al paisaje.

Solo quedaba retornar al departamento, desandando los caminos que nos trajeron hasta aquí. Este rinconcito del mundo es un espectáculo en sí mismo, puedo asegurar que disfruté este día hasta el último kilómetro de ripio. Antes de abandonar el Parque Nacional Lanín, una postrera foto del Huechulafquen, con el sol bastante bajo y los cerros proyectando algunas sombras, cerró la excursión.

 

Despidiéndonos del lago Huechulafquen

Ya en San Martín de Los Andes, para la cena decidimos aprovechar lo que había sobrado de la noche anterior, teníamos la coartada perfecta para reforzar la picada de regionales: reclamar las aceitunas que omitieron en el paquete y que ya estaban pagas. No hubo problemas y rescatamos las olivas faltantes, de paso nos aprovisionamos un poco más y cerramos la jornada de la mejor manera posible, a la salud del viejo volcán.

 

Playa de Yuco

Lago Huechlafquen